La ansiedad, el estrés y
la depresión en personas con cáncer tiene una prevalencia muy elevada ya que la
enfermedad genera un estado emocional que produce una alteración de la salud y
hace necesaria la intervención para limitar la vulnerabilidad de la persona y
retomar su bienestar psicológico satisfaciendo sus necesidades más íntimas.
Se ha demostrado que es
posible hacer frente a las emociones negativas a través de la musicoterapia. De
acuerdo con la American Music Therapy Association (AMTA), la música puede
servir para enfrentarse a la necesidad de bienestar y generar una sensación de
alivio, aportando importantes beneficios a la persona que padece cáncer. Tanto
es así que distintas investigaciones —como la del doctor Gutgsell— refieren
beneficios estadísticamente significativos con tan solo una sesión de
musicoterapia, tanto en la reducción de dolor percibido como en el incremento
de la relajación, consolidando la eliminación de la ansiedad asociada a la
situación problemática.
La musicoterapia es una
disciplina que trata de inducir cambios en la salud del paciente, dentro del
plan terapéutico, empleando para ello la música y sus distintos elementos para
mejorar la calidad de vida de las personas.
En relación a la
musicoterapia, hemos de comentar que existen distintas fórmulas para trabajar
en función de los resultados a alcanzar. En concreto, hablaremos de:
·
Musicoterapia
activa: empleo de la música como vehículo de expresión. Cuando se trabaja de
forma activa, los pacientes pueden tocar instrumentos o bailar para comunicar a
través de sus movimientos qué sienten, creando ritmos y sonidos.
·
Musicoterapia
pasiva: los pacientes escuchan música y experimentan las sensaciones que esta
les transmite. Con la musicoterapia pasiva se pueden realizar sesiones de
relajación para conseguir que el paciente venza las sensaciones negativas como
la ansiedad, la tristeza, el estrés, las náuseas y el dolor (Stanczyk, M. -2011).
Por otra parte, se ha
destacado que, cuando se trabaja con musicoterapia, el paciente es capaz de
advertir nuevas dimensiones dentro de la enfermedad, reconociendo y
experimentando sentimientos que a raíz de la enfermedad habían quedado
anulados. De esta forma, el enfermo vuelve a generar sensaciones placenteras
que le ayudan a convivir con la enfermedad de forma más armónica, consiguiendo
paliar por un lado el malestar fisiológico y por otro consiguiendo mejorar la
comunicación y obtener bienestar psicológico, variables que influyen en la
calidad de vida (Gutgsell, K. y cols. -2013).
El paciente crea con el
musicoterapeuta un vínculo en el que se apoya para descubrir, y sobre todo para
vivir, nuevas experiencias que le vuelven más receptivo hacia sí mismo, hacia
sus necesidades psicológicas y fisiológicas. El paciente se vuelve capaz de
expresar y sentir; asimismo, los familiares pueden también trabajar la
musicoterapia de forma paralela para aliviar sus miedos y ansiedades, liberando
su mente de la presión que la enfermedad y el sufrimiento de un ser querido les
causa.
Se ha destacado además
que la musicoterapia también puede ser trabajada una vez que la enfermedad se
ha superado con objeto de continuar ayudando al paciente a recuperar su
bienestar psicológico, el cual ha quedado deteriorado a consecuencia de los
efectos negativos asociados al tratamiento.
Finalmente, para concluir
debemos destacar el papel fundamental de los profesionales de enfermería en su
actuación asistencial a lo largo de todo el proceso por el que atraviesa el
paciente oncológico. En este sentido, debemos observar que, dada la especial
naturaleza de este tipo de pacientes, una vez finalizada la intervención del
médico, será el enfermero el encargado de velar, asistir y acompañar durante un
gran número de horas a este tipo de pacientes, desarrollando una intervención
de naturaleza global, donde se debe observar tanto la asistencia física como
psíquica y espiritual.
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